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Una naturaleza imaginada como virgen y sublime – vacía de toda presencia humana. Una ficción total. ¿Por qué? Porque la mayoría de esos territorios estaban habitados, cultivados y cuidados por pueblos indígenas desde hacía generaciones. Pero para que esos paisajes parecieran “intactos”, ciertas presencias debían desaparecer. En esa época, los pueblos indígenas eran percibidos como sucios y arcaicos; no tenían “cabida” en la naturaleza salvaje. … y nace el modelo dominante de conservación que conocemos hoy en día.→ Proteger en un lado para seguir explotando en otro. La conservación y el capitalismo se convierten en dos caras de la misma moneda: preservar ciertos espacios sin cuestionar el sistema industrial responsable de las destrucciones. → Proteger la naturaleza borrando a los pueblos indígenas. Esta lógica de exclusión (heredada de jerarquías raciales coloniales) sigue influyendo hoy en día en algunas políticas de conservación. → Proteger la naturaleza y asignarle un valor económico. Una vez protegida, la naturaleza puede generar ingresos a través del turismo y el ocio. Se convierte en un lugar para admirar. Para visitar. Para consumir.
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