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Dos osos polares, de espaldas, mirando salir la luna sobre el horizonte. Una botella de Coca-Cola entre ellos. ¿Recuerdas este anuncio? En 2013, Coca-Cola donó 3 millones de euros a WWF para proteger el Ártico y sus osos polares. ¿Te llama la atención? Quizás. Pero, sobre todo, es revelador. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí, a confiar la naturaleza a las empresas que la destruyen? El mes pasado, en el episodio 3 de la serie Naturaleza en venta, analizamos cómo el modelo colonial de conservación se reinventó durante los movimientos de independencia africanos. Hoy exploraremos cómo se convirtió en un imperio económico. Volvamos a los años 70…En el Norte Global, estaba surgiendo una auténtica conciencia ambiental.
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Manifestación de Greenpeace contra el almacenamiento ilegal de residuos nucleares (Ámsterdam, 1982).
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1971: se funda Greenpeace. 1972: se celebra la primera gran conferencia ambiental de la ONU en Estocolmo. Pero con esta toma de conciencia ambiental, se arraigó una idea peligrosa.
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El ecologista Garrett Hardin teorizó en 1968 que el crecimiento demográfico acabaría destruyendo los recursos naturales de nuestro planeta. Esta tesis se proyectó rápidamente sobre las poblaciones de África, América y Asia. El miedo a la superpoblación se convirtió en una forma racista de pensar sobre los pueblos del Sur Global. Y en el contexto de la conservación, esta teoría reforzó una idea ya profundamente arraigada: las comunidades locales son una amenaza para la naturaleza, nunca una solución. Ahora avancemos a los años 80…Reagan, Thatcher… Un mensaje que se repetía por doquier: el Estado es el problema; el mercado, la solución. Estas políticas neoliberales no se limitaron solo al Norte Global. Para obtener préstamos del FMI y del Banco Mundial, los países del Sur Global se vieron obligados a adoptar estas políticas. Nací en Argentina en esa época. He visto el avance de las privatizaciones, una tras otra, en nombre de un futuro mejor. ¿Y la conservación de la naturaleza? Siguió el mismo patrón: el Estado se retira y el sector privado ocupa su lugar. Fue en esos años cuando muchos multimillonarios comenzaron a crear sus propias fundaciones para salvar el planeta. O a realizar cuantiosas donaciones a las grandes ONG de conservación. ¡No hace falta cambiar el modelo!Este es el problema: por un lado, la fe en una economía de mercado que antepone el crecimiento por encima de todo. Por otro, una ciudadanía cada vez más preocupada por el estado del planeta. ¿Cómo conciliar ambas cosas?
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En 1992, en la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro, un centenar de países proclamaron la respuesta en el escenario internacional: el desarrollo sostenible.
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“Un desarrollo que satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer las suyas”. Informe Brundtland, 1987. Seguir creciendo, pero de forma “sostenible”. Bonito concepto. Pero, ¿qué tipo de desarrollo? ¿Qué necesidades? ¿Y quién se beneficia? Como afirma Guillaume Blanc, la Cumbre de Río inauguró la era del desarrollo sostenible: el de nuestra sociedad. El tipo de desarrollo que nunca cuestiona el crecimiento económico. En 2003, en el Congreso Mundial de Parques de la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza) celebrado en Durban (Sudáfrica), gobiernos y ONG fueron más allá: la conservación sería, a partir de entonces, “participativa”, “inclusiva” y “respetuosa con los derechos humanos”. Un auténtico entusiasmo. Pero…
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…dos premisas nunca se cuestionaron: → que los parques sigan siendo la herramienta fundamental para la protección de la naturaleza. ¿Sustituirlos por territorios gestionados por los propios pueblos indígenas? Impensable. → que el crecimiento económico (incluido el derivado de la naturaleza, por ejemplo, a través del turismo) genere beneficios a las comunidades locales: basta con integrarlas en el mercado.
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Entonces, ¿quién controla realmente esta conservación? Las BINGOAsí se llama a las grandes ONG internacionales de conservación: WWF, WCS, Conservation International, The Nature Conservancy… En la lógica neoliberal, los donantes del Norte Global prefieren confiar su dinero a estas organizaciones antes que a los gobiernos del Sur Global, considerados demasiado corruptos, demasiado ineficientes. Entre 1990 y 2001, la agencia estadounidense USAID destinó aproximadamente 270 millones de dólares a entidades privadas para la conservación. El 45% se destinó a un solo beneficiario: WWF. Estas organizaciones crecen a un ritmo vertiginoso. Y su papel evoluciona: del simple asesoramiento técnico, pasando a veces por la cogestión o incluso a la administración directa de territorios enteros. Contratan a sus propios guardaparques. Fijan las agendas. Se convierten en estados dentro de los estados. Hoy, African Parks, cuya junta directiva incluye al príncipe Harry, gestiona 20 millones de hectáreas en 13 países africanos: una superficie mayor que la de Senegal. ¿Y quién dirige estas grandes ONG? Un análisis de los 111 miembros de las juntas directivas de las BINGO revela que más de la mitad provienen del sector financiero: bancos de inversión, fondos de capital privado, filiales de Goldman Sachs, etc. (African Arguments, 2023).
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Los miembros de las juntas directivas de una ONG son legalmente responsables de su dirección estratégica, de su visión, de sus objetivos. Puedes imaginarte los intereses en juego. ¿Y sus socios? Las industrias petrolera, minera y forestal. Y Coca-Cola.
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Como en la época colonial, la conservación no cuestiona la extracción destructiva, sino que se asocia con ella. Los responsables de la pérdida de biodiversidad son tratados como socios. Y la responsabilidad de la destrucción se traslada a las poblaciones locales. Proteger destruyendo. Esta es la columna vertebral del modelo de conservación dominante. Pero, ¿puede un modelo que se asocia con los destructores proteger realmente la naturaleza? Volveremos sobre este punto. De momento, te comparto un dato: Hoy en día, el 85% de la financiación mundial para la conservación de la naturaleza se destina a las grandes ONG internacionales. ¿Y los pueblos indígenas y las comunidades locales? Reciben solo el 1%. (Oakland Institute, 2022).
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Las recomendaciones de Fiore🎬 Colineau, Alexandra, WWF : à quoi joue le panda?. Complément d'enquête, France 2. 📖 Mbaria, John y Mordecai Ogada. Artículo "Conservation NGOs' Grand Delusion. The Green Man's Burden: The Cost of the Conservation Model Practiced in Kenya's Drylands". The Big Conservation Lie, 2016. 📜 Sène, Aby L. "Against Wildlife Republics: Conservation and Imperialist Expansion in Africa". The Republic, 2022. 📖 Van Beemen, Olivier, Au nom de la nature, Rue de l'Échiquier, 2025.
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Muy pronto……dejaremos África para analizar cómo la conservación colonial ha tenido las mismas consecuencias para los pueblos indígenas de Asia. Gracias por acompañarnos, Fiore Longo
Directora de la campaña de Survival Descolonizar la Conservación. Diseñó esta serie editorial para las clases que ha impartido en un máster del Instituto de Estudios Políticos de París (Sciences Po). Hemos adaptado el contenido para poder compartir contigo parte del contenido de sus investigaciones, análisis y testimonios desde los territorios.
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