➡️ Un relato que funciona:Sin embargo, la idea de que la lucha contra la caza furtiva también contribuye a combatir el terrorismo encaja perfectamente con las prioridades occidentales en materia de seguridad. En 2013, Barack Obama firmó una orden ejecutiva que establecía explícitamente esta relación. Las grandes ONG conservacionistas tienen mucho que ganar manteniendo esta narrativa. Capta atención, atrae financiación y ofrece un relato sencillo: los héroes contra los villanos; el orden contra el caos. Entre 2010 y 2016, veinticuatro donantes internacionales destinaron 1.300 millones de dólares a combatir el tráfico ilegal de especies silvestres. De esa cantidad, el 65 % se invirtió en áreas protegidas y en combatir la caza furtiva. Solo el 15 % se destinó a apoyar los medios de vida de las comunidades locales. … que transformó los parques en zonas de guerra.Guardaparques armados y entrenados por militares o exmilitares. Fusiles de asalto, helicópteros, drones y aviones de vigilancia. Generalización de las políticas de disparar a matar contra cualquier persona sospechosa de caza furtiva. Y también un lenguaje militarizado: "guerra", "héroes", "zonas de combate". Las personas sospechosas o acusadas de caza furtiva son deshumanizadas. Se las presenta como la “encarnación del mal”. Ya durante la época colonial, las prácticas tradicionales de los pueblos indígenas (la caza, el pastoreo o la recolección) eran criminalizadas. Hoy, pueden costar la vida a quienes las practican. Torturas, violaciones y ejecuciones extrajudiciales se convierten en algo habitual dentro y alrededor de muchos parques.
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